$el@comando $ suscríbete

ping · Actualidad

La fábrica de juniors: España produce más programadores que nunca justo cuando el mercado deja de quererlos

La FP privada de informática vive un boom histórico financiado por familias y fondos de inversión. Las ofertas para junior caen un 33%. Alguien no ha hecho las cuentas — o las ha hecho demasiado bien.

Por Francisco G-M López —

~ Vivido en localhost

Hay dos gráficas que en España nadie pone una al lado de la otra, y cuando lo haces, el resultado incomoda.

La primera es la de la oferta educativa: la Formación Profesional privada vive el mayor boom de su historia. Los centros privados de grado superior se han multiplicado por cuatro desde 2021, el número de alumnos en la privada ha crecido en porcentajes de cuatro cifras, y en 2025 la FP privada prácticamente igualó en alumnado a la pública, con más de un millón de estudiantes de FP en total en el sistema. Detrás del fenómeno no hay solo vocación pedagógica: hay grandes grupos educativos y fondos de inversión que han identificado la FP como nicho estratégico, con operadores que facturan más de cien millones de euros al año y campus online que matriculan a decenas de miles de alumnos. Los ciclos estrella de ese crecimiento tienen nombre propio: DAM, DAW y ASIR — desarrollo de aplicaciones y sistemas. Informática, en cristiano.

Estoy seguro de que a todos y cada uno de vosotros os ha salido en Youtube anuncios relativos a la profesión del futuro y dónde se paga una millonada.

La segunda gráfica es la de la demanda: según la última Radiografía de Empleos y Sectores Emergentes de DigitalES (mayo de 2026), las ofertas de empleo para programadores júnior cayeron un 33% en el último año. Las de perfiles sénior subieron un 13%. Es la primera vez desde que existe el informe que la automatización golpea más fuerte en los puestos de entrada que en el conjunto del mercado.

Léelo otra vez: la maquinaria de producir programadores junior está acelerando al máximo en el momento exacto en que la puerta por la que entraban se está estrechando. Este análisis va de ese choque de trenes: quién lo está provocando, quién va a pagarlo, y por qué nadie que te venda una matrícula te lo va a contar.

La oferta: una burbuja con folleto

El discurso comercial de los centros — públicos y privados, pero la privada es la que se juega la matrícula — sigue anclado en 2019: “el sector tecnológico tiene una alta demanda de desarrolladores”, “perfil altamente demandado”, “empleabilidad garantizada”. Frases que fueron ciertas durante una década y que hoy se siguen imprimiendo en los folletos como si nada hubiera pasado.

El problema no es que mientan sobre el pasado: es que venden el pasado como si fuera el futuro. El incentivo es transparente cuando miras el modelo de negocio: un centro privado cobra por matricular, no por colocar. Cuando el ciclo cuesta entre 4.000 y 8.000 euros al año y tu crecimiento lo financia un fondo que espera retornos, la pregunta “¿de verdad el mercado va a absorber a todos estos titulados?” no es que no se responda: es que no se formula. Ningún departamento de admisiones tiene en su embudo de ventas una diapositiva con la caída del 33% de las ofertas junior.

Y la modalidad online — el gran motor del crecimiento, con operadores donde más de la mitad del alumnado ya estudia a distancia — multiplica el problema: permite escalar matrículas sin escalar apenas estructura. Miles de alumnos por cohorte, un temario que se graba una vez, y unas prácticas de empresa (la FCT, el módulo obligatorio) que hay que conseguir para todos… en un tejido empresarial que no crece al ritmo de las matriculaciones. No es casualidad que la gestión de las prácticas sea una de las quejas recurrentes de los alumnos de los grandes centros online: la aritmética simplemente no sale.

Y esto genera no solo problemas de empleabilidad: Un nivel más bajo, unas nociones de programación escasas y un futuro que no promete.

La demanda: la escalera sin peldaño

Al otro lado, el mercado laboral tech español no se está hundiendo — se está deformando. El mismo informe que registra el desplome junior registra un crecimiento del 64% en ofertas que exigen competencias de IA, un +351% en el perfil de diseñador de sistemas inteligentes, y un boom de cloud, centros de datos y ciberseguridad. Hay empleo tecnológico. Lo que está desapareciendo es el empleo tecnológico de entrada: exactamente el que un titulado de DAM con 20 años y sin experiencia necesita para existir.

La causa es la que estás pensando. Las tareas con las que un junior se ganaba el puesto durante sus dos primeros años — el CRUD, la pantalla nueva, el script de migración, el test repetitivo — son precisamente las que un sénior con un asistente de IA despacha hoy sin levantar la vista. El discurso oficial del sector es que el junior “no desaparece, se transforma”: ahora su rol será supervisar y validar el código que genera la IA. Suena razonable hasta que lo piensas dos veces: supervisar código exige el criterio que antes se adquiría escribiéndolo. Le estamos pidiendo al peldaño de entrada que requiera la experiencia que solo se obtenía subiendo el peldaño de entrada. Nadie ha explicado todavía cómo se resuelve ese bucle, y las escuelas, desde luego, no lo van a hacer en la jornada de puertas abiertas.

Mientras tanto, la señal de mercado es inequívoca y cruel: se retira la demanda de perfiles generalistas y de entrada, y se concentra en séniors, especialistas y perfiles híbridos con visión de negocio. El embudo no se ha cerrado: se ha invertido.

El temario congelado y la paradoja del título

Queda la tercera pata del problema, la que cualquiera que haya pasado por un ciclo de informática reconocerá: lo que se enseña. Los currículos oficiales de DAM y DAW se mueven a velocidad BOE; el mercado, a velocidad npm. El resultado es una generación formándose con planes diseñados para un mundo donde el cuello de botella era escribir código — cuando el mercado ya paga por saber decidir qué código debe existir, integrarlo, securizarlo y responder por él.

Los centros privados presumen de complementar el título oficial con “contenido actualizado” — IA, ciberseguridad, herramientas del sector — y en los mejores casos es verdad. Pero fíjate en la paradoja que eso revela: si hay que envolver el título en extras para hacerlo empleable, lo que se está admitiendo es que el título, por sí solo, ya no lo es. El papel oficial se ha convertido en el requisito mínimo que no diferencia; lo que diferencia (portfolio, proyectos reales, criterio) es justo lo que la masificación online peor puede dar.

A quién le explota esto

No a los centros: cobran por adelantado. No a los fondos: rotarán el capital hacia el siguiente nicho. Le explota a tres colectivos concretos:

A las familias que están pagando miles de euros por ciclos vendidos con la empleabilidad de 2019 para un mercado que ya funciona con las reglas de 2026.

A los alumnos, que harán todo bien — estudiar, titularse, buscar — y se encontrarán compitiendo por un 33% menos de puertas con un 1.600% más de compañeros de promoción. La frustración de esa cohorte no va a ser un matiz estadístico: van a ser decenas de miles de personas de veintipocos años con un título “de lo que hay salida” y sin salida.

Y al propio sector, que dentro de cinco años volverá a quejarse de que “no hay séniors” — porque los séniors de 2031 son los juniors que en 2026 no contrató nadie.

Qué haría yo (porque criticar sin veredicto es humo)

Si estás dentro o a punto de entrar, el pesimismo de este análisis no significa “no estudies desarrollo”. Significa que el título ha dejado de ser el producto y ha pasado a ser el envoltorio. En 2026, elegir centro es una decisión de compra de software empresarial: exige datos de verdad. Pide la tasa de inserción real del último año — no la histórica, no la del sector: la de ese centro, esa promoción, con metodología —. Pregunta cuántos alumnos hay por cohorte online y cuántas empresas de prácticas tienen firmadas. Desconfía de cualquier “alta demanda garantizada” exactamente igual que desconfiarías de un vendor con “IA revolucionaria”: es la misma frase, con otro logo.

Y si ya estás formándote: el mercado ha movido la portería, así que apunta donde va a estar, no donde estaba. El código generado hay que supervisarlo, integrarlo, securizarlo y explicarlo — quien salga del ciclo sabiendo usar IA como herramienta y no temiéndola como competencia, con tres proyectos reales publicados y capacidad de leer código ajeno, jugará con ventaja sobre el 90% de su promoción, que sigue haciendo los ejercicios del temario.

La educación tecnológica española no está en crisis por falta de demanda de estudiantes: está en crisis porque su modelo de negocio funciona aunque el de sus alumnos falle. Y esa asimetría, mientras nadie publique los números de inserción con la misma alegría con que publica los de matriculación, va a seguir siendo el negocio perfecto: el cliente paga primero y descubre el producto dos años después, cuando ya no hay devoluciones. Ya estás intentando hacerte hueco en un mercado lleno de gente como tú, a las que se les ha vendido el mundo de software de una manera que era y que ya no es.


Fuentes principales: Radiografía de Empleos y Sectores Emergentes 2026 (DigitalES), datos sectoriales de FP privada 2021-2025. ¿Trabajas en un centro de FP o acabas de titularte en DAM/DAW? Queremos contrastar esto con casos reales: escríbenos. Y para el radar semanal sin humo, cron.